(Publicado en la revista Almunia)

UNA VIDA DE POESIA

Un homenaje de Arrabal a Borges

Durante su larga carrera artística Fernando Arrabal se ha ensayado en casi todos los géneros de arte y no sin éxito.

Al terminar la penosa dirección de su primera película autobiográfica “Viva la muerte” en 1971 Arrabal juró que nunca más iba a hacer un trabajo cinematográfico. Pero ya dos años después estaba rodando su próxima película “J’irai comme un cheval fou” (Iré como un caballo loco), que se basa en su famosa obra de teatro “El arquitecto y el emperador de Asiria”.

En Paris, donde reside desde el año 1954, se conoce a Arrabal como un “enfant terrible” a causa de los escándalos que han causado sus representaciones. La censura francesa prohibió “Viva la muerte”, pero tuvo que ceder a causa de la protesta masiva de diversos artistas. “J’irai comme un cheval fou”, que no fue menos violento que la primera, logró pasar la censura, pero a condición de que fuera acompañada del siguiente aviso: “la comisión de control tiene el deber de advertir al público que los temas de este filme se ilustran con secuencias pornográficas y escatológicas, con atrocidades físicas y mentales.”

El filme “Guernica” de 1975, que trata de la Guerra Civil, fue bien acogido tanto en Francia como en Italia. El cementerio de automóviles” (1957), una de las obras arrabalianas más conocidas, se filmó en Francia en 1981 en una versión más moderna. El año siguiente se estrenó la película franco-canadiense “L’empereur de Perou” ( el emperador de Perú) protagonizado por el actor americano Mickey Rooney que tuvo un Oscar por su interpretación. Después de una pausa de diez años Arrabal dirigió la película “Adieu Babylone” en la que actúa su propia hija, Lelia Fischer.

Jorge Luís Borges, una vita di poesia” es el título de su última película producida en Italia que se estrenó por primera vez en Paris en abril de 1999. Es un homenaje especial al célebre autor argentino que según Arrabal hubiera merecido el Premio Nobel mucho más que García Márquez.

La trama se desarrolla en dos planos. Por un lado se sigue al Borges entrado en años, que está filosofando sobre la vida y la literatura en particular. Estos rodajes son de una conferencia en la cual el autor participó poco antes de su muerte en Ginebra en junio de 1986.

Pero no crean los aficionados de la obra de Borges que aquí puedan gozar en paz las declaraciones del escritor, y yo temo que algunos se levanten, escandalizados, para irse ya al principio de la película. Pero como escribe Francisco Torres Monreal en su prefacio al guión recien publicado en Murcia: “Como ante cualquier creación arrabaliana, el espectador debe estar preparado para la sorpresa. Aquí la hallará con creces.”

La película se inicia con la animada canción infantil danesa “Ekkoleg” que también es la sintonía de “Viva la muerte”. En la primera escena se ve a un hombre con los ojos vendados, que probablemente representa a Borges. Está acompañado de un chico, quizás Arrabal mismo, que quita el vendado del hombre y le empieza a hacer muecas con sus manos.

El verdadero Borges aparece y dice: “Cuando un hombre y una mujer engendran un hijo….”, pero le interrumpe una escena, donde una pareja está haciendo el amor con máscaras antigás en la cara. Borges continúa: “Cuando un hombre y una mujer engendran un hijo no saben a quiénes engendran. Pueden engendrar a Shakespear o Macbeth, Adán o Caín. Es lo de menos. Ya sucederán las cosas después y nuestro deber, nuestro grato deber, es organizar el porvenir, sabiendo que éste será muy distinto, porqeu las épocas no se parecen.”

La película se compone de secuencias cambiantes entre Borges y una serie de escenas del universo arrabaliano, entre ellas unas cortes de “Viva la muerte”, “Adieu, Babylone” y “Guernica”. Muchos espectadores se asombrarán seguramente de la combinación, porque a primera vista no hay coherencia entre lo que dice Borges y las escenas arrabalianas a veces macabros, a veces poéticos. Pero igual que en nuestros sueños nocturnos no todo es pura lógica ni sensatez. Si el espectador en vez de un pronto rechazo de lo que no es directamente comprensible dejara hablar por si mismas a las secuencias, quizás descubriera que eso no es “todo un galimatías”.

“Una vida de poesía” es una vida en la que los sentidos están constantemente abiertos a todo lo que la existencia humana puede ofrecer tanto de belleza como de crueldad. Un poeta es como el chico (Arrabal?) en la película un testigo a la vida que se desarrolla ante sus ojos.

Las secuencias arrabalianas se pueden ver como asociaciones a o inspiraciones de las palabras de Borges. También se pueden interpretar como una especie de identificación con el maestro.

La ceguedad es un subtema de la película. “Yo perdí la vista en 1955 y todos los recuerdos son anteriores,” dice Borges y añade más tarde: “Como soy ciego, intento pensar, soñar.” Hay por consiguiente un juego entre el universo interior de Borges y el mundo exterior, que se forma de las secuencias de Arrabal que se desarrollan en calles, plazas, desiertos etc. Pero en realidad son un producto del mismo mundo fantasmagórico.

“El sentido de la vida es el sueño,” dice Borges y más tarde: “Cuando dormimos no somos nadie. Somos dioses, somos todo. Mientras que cuando nos despertamos sólo somos un individuo del siglo XX…”

Borges cuenta de una pesadilla que le molestó durante mucho tiempo. Le sustituye una secuencia con escenas de tortura. La diferencia entre sueño y realidad se eliminan, porque la realidad es a veces tan incomprensible y cruel como el mundo de los sueños, parece aludir Arrabal.

Es una pena que hayamos perdido esa bella invención de los griegos, el diálogo,” dice Borges. En otra secuencia que viene más tarde se ve a un hombre que mete un cuchillo en el libro “Una vita di poesia” con la foto de Borges en la portada. La poesía es un diálogo con el mundo exterior, pero también implica el riesgo de que éste se pueda sentir provocado de las palabras. Arrabal tiene mucha experiencia con eso. Ya sabemos que estuvo encarcelado por haber escrito una frase que estaba en contra del régimen franquista. Faltó el diálogo.

El destino de un poeta es bastante curioso. Debe ser sensible a todas las cosas y, finalmente, su oficio consiste en transformar esas cosas en palabras. Las palabras son, evidentemente, símbolos, “ dice Borges.

Las palabras concluyentes de la película fueron también las últimas antes de su muerte: “Conviene vivir en el futuro. Conviene vivir generosamente…, generosamente,… generosamente…”

VIVECA TALLGREN

Fernando Arrabal: “J.L. Borges, una vida de poesía”, Escuela Superior de Arte Dramático, Murcia, 1999